DESCRIPCIÓN:
DEDICATORIA DEL AUTOR
A los cristianos quebrantados de corazón, que escapan de grupos autoritarios en busca de consuelo, salud y esperanza. Dios quiera que se recobren y prosigan con Él, que es la libertad genuina. A los cristianos que han sufrido, o que sufren, la experiencia desconsoladora de la división entre los hermanos. Que esta historia les dé luz y consuelo. Dios quiera que también se recobren y prosigan con Él, que es la verdadera paz. Y quiera Dios que sean sanados de un modo tan absoluto que puedan responder al llamamiento de Aquel que todo lo pide porque Él lo es todo.
Querido lector:
Es un placer y un privilegio pasar este tiempo con usted. Gracias por su compañía. Le sugiero que nos apresuremos a entrar al teatro porque veo que ya están apagando las luces. Hay dos localidades no lejos del escenario reservadas para nosotros. Sentémonos en seguida. Tengo entendido que la trama es del género dramático. Espero, sin embargo, que no la encuentre demasiado triste. Creo que la historia se divide en dos partes. En la primera se presenta a un rey anciano llamado Saúl y a un pastorcito llamado David. En la segunda aparece de nuevo un rey anciano y un joven. Pero esta vez el rey anciano es David y el joven es Absalón. El argumento es una descripción gráfica —un boceto al carbón, si usted prefiere— de la obediencia y la autoridad en el reino de Dios. Han apagado las luces; los actores están en sus puestos. El público ha guardado silencio. Ya sube el telón. Ha comenzado nuestra historia.
DESCRIPCIÓN:
DEDICATORIA DEL AUTOR
A los cristianos quebrantados de corazón, que escapan de grupos autoritarios en busca de consuelo, salud y esperanza. Dios quiera que se recobren y prosigan con Él, que es la libertad genuina. A los cristianos que han sufrido, o que sufren, la experiencia desconsoladora de la división entre los hermanos. Que esta historia les dé luz y consuelo. Dios quiera que también se recobren y prosigan con Él, que es la verdadera paz. Y quiera Dios que sean sanados de un modo tan absoluto que puedan responder al llamamiento de Aquel que todo lo pide porque Él lo es todo.
Querido lector:
Es un placer y un privilegio pasar este tiempo con usted. Gracias por su compañía. Le sugiero que nos apresuremos a entrar al teatro porque veo que ya están apagando las luces. Hay dos localidades no lejos del escenario reservadas para nosotros. Sentémonos en seguida. Tengo entendido que la trama es del género dramático. Espero, sin embargo, que no la encuentre demasiado triste. Creo que la historia se divide en dos partes. En la primera se presenta a un rey anciano llamado Saúl y a un pastorcito llamado David. En la segunda aparece de nuevo un rey anciano y un joven. Pero esta vez el rey anciano es David y el joven es Absalón. El argumento es una descripción gráfica —un boceto al carbón, si usted prefiere— de la obediencia y la autoridad en el reino de Dios. Han apagado las luces; los actores están en sus puestos. El público ha guardado silencio. Ya sube el telón. Ha comenzado nuestra historia.
“Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por Mí; constituyeron príncipes, mas Yo no lo supe... Oseas 8: 4
Próximo vídeo:
Capítulos 4-13
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